Cultivar espinacas, las vitaminas del invierno

Cultivar espinacas, las vitaminas del invierno

Con una tierra mullida y húmeda, seguro que obtenemos una buena cosecha. Texto y fotos: Mariano Bueno

El huerto en invierno suele adolecer en la mayoría de regiones de pocas opciones de cultivo, ya que no abundan las hortalizas que resistan las bajas temperaturas o las heladas nocturnas. Entre las verduras resistentes, aparte de las coles, las habas o los guisantes, las espinacas son un excelente recurso culinario; además, pueden cultivarse fácilmente en espacios reducidos.

Es importante que elijamos la variedad más adaptada a nuestra región, a la climatología imperante y a la época del año en que las cultivemos. Existen variedades de otoño, de invierno o de primavera; incluso hay algunas que muestran una especial resistencia al calor, por lo que pueden cultivarse en verano. Por otra parte, existe la posibilidad de elegir las espinacas entre las de hojas finas o gruesas y entre las variedades de porte pequeño o las de hojas gigantes.

El cultivo de esta planta es relativamente fácil, de hecho, Gertrud Franck, la horticultora alemana que popularizó los métodos de cultivo asociado, la utiliza como planta comodín en su huerto, sembrando líneas de espinacas entre las otras líneas de cultivo. Mientras van creciendo, se van cosechando las que se necesitan para la cocina, mientras que las que se espigan, se cortan y se dejan in situ, sobre la tierra, a modo de acolchado protector y de abonado verde.

Abono, siembra y cultivo de las espinacas

Las necesidades de abonado de las espinacas no son muchas, pues se contentan con los restos de materia orgánica de los cultivos precedentes, a los que se puede aportar de 1 a 3 kg por m² de compost muy descompuesto o de lombricompost. Es posible sembrarlas directamente en plena tierra, pero eso sí, procurando que esté bien mullida, aireada y rastrillada. Se distribuyen las semillas sin ningún orden específico o sembrándolas en líneas separadas entre 25 y 30 centímetros. Si queremos espinacas de buen porte, es importante que realicemos un aclareo posterior, con separaciones de 5 a 15 centímetros según la variedad cultivada. También podemos sembrarlas en semilleros o en bandejas alveoladas y realizar un trasplante posterior a plena tierra, cuando las plantitas alcancen unos cuatro centímetros de altura.

El cultivo de espinacas es relativamente fácil; quizás el mayor reto consista en protegerlas del excesivo calor y de la sequedad de la tierra. Requieren una humedad y riegos regulares, ya que cuando sufren estrés hídrico o pasan mucho calor, tienden a montar en flor y a espigarse, volviéndose amargas y fibrosas. Si no llueve con regularidad, una buena solución es colocar un programador de riego que funcione cada día durante unos cinco o diez minutos.

Dado el pequeño porte de las espinacas, no resulta fácil el acolchado orgánico, por lo que conviene ir realizando escardas y desherbados regulares, arrancando toda hierba competidora. Otro de los retos consiste en controlar la presencia de caracoles y babosas, a las que podemos controlar colocando algún plato de cerveza entre los cultivos.

A la hora de cosechar las espinacas, podemos esperar a que alcancen su máximo desarrollo y cortarlas de raíz o, en caso de tener pocas matas, cortar las hojas externas más grandes y formadas, e ir realizando cosechas escalonadas durante un par de meses.

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